viernes, 18 de noviembre de 2011

Te quiero pero te temo: En un lugar solitario de Nicholas Ray.



En un lugar solitario.





Ray es uno de los tuertos de Hollywood.


«Nací cuando ella me besó. Morí cuando me abandonó. Viví unas semanas mientras me amó». Una de esas frases de cine inscritas en una película sobre el mundo del cine; En un lugar solitario (In a lonely place, 1950). Ya un año antes, Nicholas Ray el mismo director nos presentó otra que también se ha convertido en clásica, y que también decía  el mismo actor, Humphrey Bogart en el alegato final de Llamad a cualquier puerta (Knock on any door, 1949): «Llamad a cualquier puerta de la gran ciudad y conoceréis a un Nick Romano».






Durante el rodaje.




Detalles de pareja.
Por mucho que la película a modo de thriller noir tenga como punto de partida el averiguar quién asesinó a una chica, la película se centra en realidad  en una historia de amor. Estos desvíos dentro de determinados géneros Nicholas Ray los repetirá por ejemplo en Johnny Guitar (1954), también y sobre todo una historia de amor aunque se encuadre en el género del western. Aquí Dixon Steele (Humphrey Bogart) un guionista de Hollywood, recibe el encargo de adaptar una novela. Por las pocas ganas de leerla lleva a su casa a una chica que trabaja en el restaurante al que acude para que le cuente de qué va, ya que ésta sí la ha leído. La chica se va de su casa pero a las pocas horas viene la policía con la noticia de que a la chica la han asesinado. Y la vecina algo tendrá que decir. La vecina claro está es Gloria Grahame. A partir de su aparición, la historia de amor.




A seguir el rastro de Gloria Grahame.
Gloria Grahame cubrió durante un tiempo mi retina junto con Gene Tierney.  Creo que las descubrí al tiempo, fascinada y asombrada sobre todo por esas historias de amor tan atípicas (la de Gene Tierney en Laura [Otto Preminger, 1944] lo es y por partida doble). A Gloria Grahame fue tanto en esta película como en las dos que hizo con Fritz Lang (otro de los tuertos de Hollywood como Nicholas Ray), sobre todo en esa escena tan dura del café hirviendo en Los sobornados (The big heat, 1953).



Desviémonos hacia el puro cotilleo. Gloria Grahame y Nicholas Ray, actriz y director estaban casados cuando rodaron la película. Era para ambos su segundo matrimonio y también ambos pasarían por dos matrimonios más. Lo curioso del caso es que Gloria tuvo como tercer marido a su hijastro, el hijo de Nicholas Ray, ocho años después de divorciarse de éste. Y es que los caminos del amor son inescrutables sobre todo para esa fauna hollywoodiense. Si quieren resarcir ese morbo pero yendo hacia el extremo, hacia temas realmente escabrosos no hace falta más que ir al libro del cotilleo del mundo cinematográfico por excelencia Hollywood Babilonia de Kenneth Anger.



Norma Desmond estrella del cine mudo.



Anger se dedicó a desvelar todos esos secretos que las productoras tapaban. Y esto también aparece en la película. Una de los trabajos fundamentales del agente de Dixon Steele es el de ocultar las múltiples peleas en las que se mete su cliente. Porque tal como comentábamos al principio, En un lugar solitario es una película también sobre el mundo del cine. Tangencialmente toca el paso a una nueva era en Hollywood dejando el cine mudo atrás tal cual lo ejemplificó El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder), película del mismo año. Donde en ésta era el personaje principal (Norma Desmond) el que lo encarnaba, aquí aparece un personaje secundario que al igual que el de Norma está interpretado por una antigua estrella del cine mudo. Humprey Bogart toma aquí el puesto de caballero andante que en la película de Billy Wilder ocupaba el mismo Erich Von Stroheim.



El guionista está inspirado.




Menos tangencialmente  toca el mecanismo interno de la producción cinematográfica. Dixon es guionista y se le exige un éxito pues desde la guerra no ha tenido ninguno (muy bueno el diálogo en el bar con un director de éxito al que Dixon llama vendedor de palomitas). Charles Waterman es el actor con gloria pasada que ahora solo ejerce de borracho. Laurel Gray es una actriz de poca monta de las que a falta de papeles se lía con hombres con talón pero que en el último momento cambia su hoja de ruta. Aparentemente parece encarnar la célebre frase: “Era una actriz tan tonta que para lograr un papel se acostó con el guionista”. Pero no, lo que hace es enamorarse de Bogart porque le gusta su cara. Porque sabemos que un guionista no es nada en este mundo, cosa que vemos en la escena en la entrada al restaurante donde un niño le dice a otro cazando autógrafos al ver a Dixon que no se moleste con ese, que no es nadie, cosa que Dixon confirma.



Los entresijos del cine en Cautivos del mal.
La gran película que superaba la mirada romántica sobre Hollywood no fue otra que Cautivos del mal (The bad and the beautiful, Vincente Minnelli, 1952) donde todos los participantes están perfectamente descritos y por la que, por cierto la misma Gloria Grahame ganó el Oscar a la mejor actriz secundaria por aquel entonces.
La película es una de las que produjo Bogart para la Columbia con su propia compañía Santana Productions y cuya aventura le duró cinco años. El nombre, muy afín a mí, era el nombre del yate particular del actor que a su vez venía de la lancha que salía en Cayo Largo (Key Largo, 1948).



Sospecha.



El meollo de la película es la duda, la sospecha que recae sobre Dixon Steele. Porque Dixon no es un santo. Es sarcástico y eso nos gusta en un principio (su amigo le anuncia que se ha casado y en vez de darle la enhorabuena le pregunta por qué) pero empezamos a descubrir algo de su carácter violento. Y son las mujeres las primeras que sospechan y las que hacen avanzar la trama. Primero Sylvia la mujer de su amigo policía, después Martha la masajista hasta llegar a la misma Laurel.



Lo que ven los ojos de Dixon.
Porque Dixon Steele tiene mucho de esos personajes  con demonios interiores de Nicholas Ray como los de Rebelde sin causa (Rebel without a cause, 1955). Y Nicholas Ray sabe cómo marcar esa sospecha en el subconsciente del espectador. Primero con la única ocasión donde utiliza cámara subjetiva: cuando la chica le cuenta la historia de la novela a Dixon. La escena es totalmente inocua. Dixon muestra desinterés, está distanciado de la chica, incluso hay momentos de comedia. El espectador está tranquilo, ahí no pasa nada pero Nicholas Ray ha sembrado en la mente del espectador un resquicio de duda porque la cámara subjetiva desde los ojos de Bogart genera inquietud, tal vez cierta locura, pensamientos ocultos.


Los ojos de Nixon bien enmarcados.




Ahora yo dirijo y me emociono.
Son sobre esos ojos de Bogart sobre los que pivota el director durante toda la película. Los ojos no mienten o eso dicen. Por eso la película se abre con el título de los créditos iniciales sobre la mirada de Bogart en el retrovisor que es otra mirada no directa de su mirada como la de la cámara subjetiva.  Hasta aquí eran semillas inofensivas pero hay un momento donde vemos sus ojos vidriosos, idos, cuando narra a su amigo el policía y su mujer cómo él cree que ocurrió el asesinato de la joven. En ese plano medio hay un foco de luz en su boca, los ojos los tiene vidriosos y hasta el tono de voz le cambia a Bogart cuando en un tono silbante no para de repetir squeeze harder (aprieta fuerte). Este plano junto con los detalles de puesta en escena paralelos entre el primer beso y la escena final donde encuentra su eco, hacen que esta película sea tan extrañamente hipnótica.


La gran escena de la primera conversación.



Escenas como la caída en off del actor borracho, los diálogos en la cena con el amigo y su mujer, las escenas tensas en el restaurante (el lugar social donde hay más posibilidades de errar), la agilidad que aportan los dos apartamentos más allá de para librarse de la censura y sobre todo la puesta en escena de la primera conversación de los dos en la comisaría hace que ésta no sea una película más en el catálogo del cine norteamericano.


Humphrey Bogart le pedía a Gloria Grahame que se lo dijera porque quería escuchar cómo sonaba. Tal vez puedan intentarlo ustedes: “Nací cuando ella me besó. Morí cuando me abandonó…”



Tres eran tres.

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