miércoles, 2 de enero de 2013

Futuras ciudades que no ciudades futuras.





Aquí los zapatos, luego viajamos.




En este recorrido futuro no hay fotos de pies sobre distintas piedras sino huellas de color inventadas, proyectadas, soñadas. Ahora lo que toca como Dorita es golpear los zapatos para pedirle al mago que me lleve al lugar donde quiera ir. Y el querer se puede ampliar, modificar e incluso sorprenderse a sí mismo. Por eso estas ciudades proyectadas van entrecomilladas para no forzar nada, para que todo venga suave.







Huellas proyectadas.





Habrá que partir de un genérico a modo de titular. Y entre otras, escojo una canción de José Alfredo Jiménez cubriendo al tiempo el espacio mexicano que algún día pisaré. Aquí es Nacho Vegas el que entona «estuve a punto de cambiar tu mundo por el mundo mío», ese gran aviso para evitar que nos pongamos anteojeras.












Ya que el cuerpo de Nacho Vegas se llenó de frío imaginémonos que damos el primer salto a Moscú. En la siguiente canción no se nombra a esta ciudad pero con la música, el título y la tremenda escenografía del vídeo, creo que podemos estar perfectamente delante del Kremlin. Si os fijáis bien los tres muchachotes son Jean Yanne, Sacha Distel y Serge Gainsbourg.











Una bahía; la de San Francisco. Una canción relacionada con una indecisión sin tener la culpa la misma canción sino los contextos. Esta ciudad tocará, me tocará. Bullitt (Peter Yates, 1968), Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958) y ¿Qué me pasa doctor? (What’s up Doc?, Peter Bogdanovich, 1972) en gran parte tienen la culpa.












Dentro de la misma nación me traslado a Georgia. Esta canción es una de las que más me gustan de una cantante que murió demasiado joven. Con ella tengo una conexión muy personal en el año 2002. Una voz y una canción dulce y melancólica que escucho una y otra vez con las mismas palabras con las que la presenta en el video cuando voy por las calles.












Para no cansarnos mucho y para que suene Rufus, (dejémosle que cante una vez más) no salimos de los EE.UU. Tulsa es esa ciudad petrolera de Oklahoma.  ¿Por qué no conocerla y conocer ese otro lado americano?











Para definitivamente revolcarme en EEUU voy a seguir el camino vital marcado por Frank Sinatra en una canción muy especial para mí. Un hombre errante (¡¡erratticus man!!) que no encontró  hogar pero es feliz porque alguna vez en su camino el amor lo trató bien, en Denver y en Portland.











Ahora una canción que representa todos esos destinos que llegarán por sorpresa. Una canción metafórica para viajar metafóricamente sobre todo porque en barco me mareo. El barco es el objetivo, el sueño, el objeto de deseo. La música la compuso el gran Kurt Weill en 1941 para el musical Lady in the dark y la letra es de Ira Gershwin. Canción de calidad no lo negarán ustedes y más cantada por tremenda mujer, Sarah Vaughan.










Vuelvo a España y Oviedo es otra ciudad que no he visto, que tengo pendiente sobre todo desde que leí y me deslumbró La Regenta. Quisiera de alguna manera revisitar esa Vetusta y eso a pesar de que su catedral desilusione tanto a Tulsa.  











Muchas quedaron en el tintero por esto de no controlar la informática, por falta de espacio o de inventiva: Seattle a través de Frasier, Salzburg por el musical Bells are ringing, Montreal con Ariane Moffat, la Cartagena colombiana con Los tres sudamericanos, La Habana por Ana Belén o la legendaria Camelot con la voz de Richard Burton. En fin, no soy muy exigente solo «quiero que vengas conmigo a cualquier otra parte».










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