jueves, 7 de marzo de 2013

Tres galerías madrileñas para marzo con Valeriano López, Miquel Barceló y Jamie Baldridge.










Se me escapó. Hace cuatro días que terminó la exposición Los encargados de los artistas Jorge Galindo y Santiago Sierra en la galería Helga de Alvear. Una crítica en blanco y negro a la transición ya que se trataba de pinturas, fotografías y un vídeo con el primer plano de los jefes de estado españoles tras Franco. Pero aquí arriba podemos ver el vídeo. Un desfile fantasma por el centro de Madrid.





Una galería con solera.




Me perdí esta, pero hoy decidí que había que compensar esa pérdida así que escogí tres galerías que mostraban cosas interesantes. Y entre ellas, para no terminar con la crítica política-social me dirigí a la galería Juana de Aizpuru en la que el mismo día que terminaba la exposición que no pude ver empezaba la andadura de otro artista español, Valeriano López. Allí estaba la mujer, Juana, con la puerta de su despacho abierta, inevitable verla y reconocerla por su colorido pelo y saludarla de lejos.




Valeriano López nos presenta SƎCUELA PÚBLICA. ¡Pero si ya con el título es suficiente reclamo! El juego verbal tanto fonético como semántico del título se mantiene en la gran mayoría de las piezas. La crítica aparece con el primer vistazo. Los colores en los que encuadra el leitmotiv de la exposición son los mismos de la Comunidad de Madrid: el blanco y el rojo. Tenemos al «pedagogó» con bola de discoteca incluida, elementos ridiculares que no curriculares, los estudiantes como rebaño, dicho tanto por la masificación como por la vinculación eclesiástica y otras tantas piezas que estoy deseando que veáis. Las piezas dan mucho juego: unas sillas con orinal incluido en su asiento, más que gracia es como ver un museo de las consecuencias de algún campo de concentración o guerra. Suena duro pero es así. Son más que evidentes las consecuencias de todo lo que está pasando con los recortes y privatizaciones pero aquí se revela. El orinal camuflado me recordó al que le pusieron a Marina Abramovich cuando hizo su exposición The artist is present en el Moma. En ese caso era una ayuda para lograr el objetivo, aquí es una cadena que subyuga. La fotografía Secuela de la medusa es un  remedo de La balsa de la medusa de Géricault versión botellón. En la original, las causas de fondo del naufragio era la incompetencia de las autoridades. Lo mismo podemos decir de la presente.






Consecuencias.






La violencia de lo romántico.




La única gota de esperanza en este mar desilusionante es el poema de Gabriel Celaya que aparece escrito en una pantalla en puro contraste con la repetición constante de los remeros cual galeotes.




Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.






Frialdad aséptica.







Miquel entre su barro.
Mis pasos se fueron después a otra galería no muy lejana de la primera; la galería Elvira González. Allí estaba Miquel Barceló, en obra y gracia que no en persona. Dieciséis obras, seis pinturas y diez esculturas todas muy manuales. La arcilla, ya cerámica con formas descompuestas y manipuladas te llevan a una doble sensación: la de enorme maleabilidad e intensa rudeza. La forma de ladrillo que encontramos en varias ocasiones aquí, te llevan a esas gominolas que se han vuelto duras pero que peleándolas en tu boca puedes llegar a amasar. Hay huellas; se nota el trabajo sobre la materia, y de eso también forma parte la pintura, como primitiva, que coloca sobre ellas. Y el tamaño; el que la mayoría sean grandes no te lleva al respeto de la monumentalidad sino a la relación de tú a tú del artista con la materia. Son obras que descubren procesos de creación, que no son perfectas, que permiten huellas, comienzos y no finales. Este material a veces una desearía manejarlo porque te daría la sensación de que creas y fabricas al tiempo algo. Te cubriría esa necesidad de sentirte útil porque el trabajo con las manos es el que une tu cabeza con la realidad de forma más inmediata si es que no he dicho una redundancia.







Pequeña pero matona.






Anocheciendo me dirigí a otra zona de galerías, la de la calle Alameda donde hay una pequeña galería que se llama Cámara oscura. Esta es de obligada visión. Se trata de fotografía, una fotografía cercana a la ilustración e incansable de ser mirada porque es una semilla de historias.  El joven artista norteamericano Jamie Baldridge nos ofrece en cada una de sus fotografías el montaje de un pequeño mundo. Unos tonos cálidos enmascarando «peculiaridades». No es para nada grosero pero es lanzado, no es trágico pero te monta un drama. Te deja que mires tranquilamente para que te montes tu propia historia. No es una fotografía realista sino toda una visión del mundo, una propuesta creativa. Una pena que os la perdierais. En todo caso un artista a seguir.




Impactante.







Aliméntense con arte.





[Valeriano López, Secuela Pública. Hasta el 12/04/2013. Galería Juana de Aizpuru. Calle Barquillo, 44, 1º. Lunes a sábado: 10:30-14, 16:30-20:30.


Miquel Barceló. Hasta el 27/03/2013. Galería Elvira González. Calle General Castaños, 3. Lunes a viernes: 10:30-19:30. Sábados: 11:00-14:00.


Jamie Baldridge, Playing with Arsenic. Hasta el 30/03/2013. Cámara oscura galería de arte. Calle Alameda, 16, 1ºB. Martes a viernes 16:30-20:30. Sábados 11:00-17:00].


viernes, 1 de marzo de 2013

Blue Valentine. Todo es rosa, todo es negro.





Nos encontramos.





Normalmente el que llegue a escribir algo por aquí nace de un impulso. No suele ocurrir que me venga a la cabeza tiempo después de haber contactado con el tema. Esta vez ha ocurrido. A los días de haber visto Blue Valentine en pantalla grande me ha venido el arrebato. Y no es por pura necesidad de rellenar unas líneas sino porque la película tuvo esta vez eco dentro de mí, en vez de un flechazo. Y mi sensación viene muy a cuento del tipo de película que es.  Aquí el flechazo se diluye, da tiempo a que hiera, a que cicatrice y a que vuelva a supurar. Una historia de amor y de desamor. Una historia en el tiempo.




Antes: en el puente.






Después: en la ventana.





Puede que sea una película más porque no todas pueden ser una menos del montón. Pero ese «ser una más» tiene trampa. Yo voy a contar mi experiencia que es la única de la que puedo hablar. La película la seguí con atención, implicada en la verdad de la historia, en la verdad de los personajes y fue cuando acabó cuando la parte emocional llegó suavemente y más tarde como he dicho el arrebato de escribir. Este proceso es un mérito de la película. Deduje que me había dejado espacio, que no me había manipulado y que la conexión con ella fue mascada por mí y por ella. Al hablar de la verdad de los personajes entra la capacidad del montaje, de los actores, del vestuario y demás. Dentro de una buscada naturalidad hay un sorprendente cambio en la película. Blue Valentine bascula entre un pasado y un presente que solo distan en cinco años. Es un tiempo que no da para cambios evidentes. El paso del tiempo se debe mostrar en cosas más sutiles. El mérito del montaje existe y con la ayuda de un pelo de más o de menos aquí o un estilo de vestir por allá tenemos bastante hecho pero todo eso se transpira en los personajes de tal manera que te asombra.  Son los actores los que cargan encima con el cambio. Son los responsables.





Dean quiere querer y que se dejen querer.





Hay símbolos, hay pistas, hay frases entrecomilladas diría yo pero con una pátina de polvo encima que hace difícil llamarla pretenciosa, facilona, evidente o algo parecido. La simple desaparición del perro nada más abrir la película es un dato significativo. Son esos sucesos en paralelo los que ayudan a que no sea evidente la problemática de la película, en realidad la problemática de sus cabezas; las emociones. Me pareció un gran hallazgo colocar los fuegos artificiales en la escena final pues al mismo tiempo eleva y rompe la coda final. Son detalles que la particularizan.





El comienzo del amor siempre está coronado con un corazón.




Una chica y un chico viven juntos junto a su hija, así empezamos y a partir de ahí descubrimos cómo estaban antes de encontrarse y hacemos el recorrido hasta el momento presente alternando los dos tiempos. No es difícil seguir la estructura.





La noche en mi habitación.





Por mucho que la película es bastante neutra en cuanto a tomar partido por uno u otro personaje es inevitable como seres humanos cargados de experiencia y personalidad propia que nos sintamos identificados con alguno de ellos o al menos que le tengamos más simpatía a uno que a otro. Yo como la vi sin ese flechazo directo que dije al principio la pude ver en equilibrio pero es verdad que el sufrimiento de ella conectó más conmigo. El dolor de sentir que no, que ya no es ese el camino que quieres seguir, que ahí ya no estás tú pero que no hay una razón concreta contra la que justificarse, que has dejado de querer a alguien pero que ojalá no fuera así porque sabes que pierdes mucho. Eso es duro y duele. Y ahora me viene a la cabeza en otro tono evidentemente, Jeanne Moreau en La noche (Michelangelo Antonioni, 1961), a la que  ahora mismo veo en la última escena porque la tengo colgada en una de las paredes de mi habitación. Y esta toma de partido no creo que sea porque sea el personaje femenino, cosa que no me molestaría mantener.




El contraste en el título de la película que protagonizan Ryan Gosling y Michelle Williams, de esas dos palabras ya es significativo y ambas fuerzas conviven en la película. Tanta verdad contiene la alegría del encuentro como la amargura de la despedida.  Yo aprendí que en inglés, blue, era más que un color con las canciones. Después atando cabos y descubriendo más canciones llegué al sello discográfico Blue note records. Pero ese término siempre me lleva a la canción  Black coffe cantada por Ella Fitgerald.



 «Since the blues caught my eye
 I’m hanging out on Monday
 My Sunday dreams to dry»











La canción es la espera de una mujer al hombre entre cuatro paredes, cosa que me lleva a La voz humana de Cocteau. El café y el teléfono son los objetos vertebradores de la espera en cada obra. En Blue Valentine no se trata de la espera desesperada del amante, sino del flujo del amor; aceptar que los caminos se juntan y pueden seguir el mismo rumbo o quizá bifurcarse. Aceptar que somos uno y que hay que respetar a ese uno, sin nombre. Asumir las diferencias tal muestra el cartel de la película, que es muy significativo. Él cierra los ojos, ella le mira. A él le basta, a ella no...




domingo, 17 de febrero de 2013

Minnie & Moskowitz de John Cassavetes.






En España, Así habla el amor.





Congraciarte con la vida sin que te cuenten una historieta de hadas. Eso es lo que pasa al ver una película de John Cassavetes, hoy concretamente Minnie & Moskowitz (1971). Es la mezcla del latido de la vida y el riego de la razón. Tal cual el espectador se siente. Por un lado estás imbuido, anonadado, inmerso y al mismo tiempo estás razonando lo que ves, siendo consciente del privilegio de ver de dónde sale lo que estás viendo. Y encuentras la esencia y lo lógico de que los planos no sean limpios como el momento del baile con la puerta abierta de la furgoneta o la conversación de Minnie con su compañera de trabajo. Es la vida en su conjunto, y si he utilizado el corazón y el cerebro aceptando esa tópica división es porque en esta película uno llora a la vez por la tristeza de la soledad y por la alegría de la compañía.





Los planos sucios, evidentemente.






Cassavetes ensayando el  plano anterior.





Lo del cuento de hadas no viene a cuento, valga la redundancia. A ver si me explico. Las películas muchas veces, nos cuentan historias idílicas. Minnie al principio se queja de ello: «Jamás conocí a Clark Gable y no encontré a Humphrey Bogart. Jamás me los encontré ¿Sabes de lo que hablo? Pienso que no existen. Esa es la verdad, pero las películas te predisponen ¿no crees? Te predisponen. Y por muy perspicaz que seas, te lo crees». Es la frustración que te crea el contraste entre tu realidad, tus relaciones y las que se establecen en las películas. Es una crítica pero en el fondo es el cine el que reúne a los dos protagonistas, es su único punto de conexión que fluye en el fondo como una pequeña esperanza que ellos no ven. Moskowitz es devoto de Humphrey Bogart y ella anda buscando uno así. Él le dice que tiene perfil de Lauren Bacall en la oscuridad de un cine. Y era Lauren Bacall la pareja en la vida real de Humphrey Bogart. En ese momento ella sospecha que puede ser. Y justo por un detalle que viene de una irrealidad de la que era consciente que la predisponía el cine.  La ficción cinematográfica y la realidad pueden fundirse y puede servirnos, puede enseñarnos.





Desubicados con un perrito caliente.






La película es la historia de un encuentro aparentemente imposible de dos seres distintos que andan a bandazos. Se encuentran ya andada la película una vez nos han sido presentados y hemos visto su situación y recorrido. Viven en ciudades distintas y eso es lo primero que se soluciona, es sencillo. Pero su ambiente es diferente. Ya su diferencia venía marcada por su ascendencia. La madre de él se llama Sheba (sociedad matriarcal en toda regla) y está interpretada por la madre del mismo John Cassavetes. La madre de ella, en la ficción Georgia Moore es en la realidad Lady Rowlands (madre de Gena Rowlands). Lady y Sheba: puro contraste en la mesa en esa excelente escena donde se mezclan Cassavetes, Woody Allen y Pedro Almodóvar. Partiendo de ellas todo les separa a esta pareja.






El malvado John.





Ya conocemos el ambiente familiar en todos los sentidos de las películas de John Cassavetes. Su madre, suegra, hijos y esposa. A él mismo aquí también nos lo encontramos. Y de nuevo con su usual papel maligno casi tanto como el de La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, Roman Polanski ,1968). Parece como si utilizara el cine para examinar el lado oscuro de la pareja, de su pareja, ya que en sus películas se guarda el papel del opositor a la protagonista (recordando estoy Opening Night).





La firma de los responsables.




Y el personaje de Moskovitz y el actor que lo encarna, Seymour Cassel. Durante toda la «proyección» de la película era consciente de que yo había conocido a un Moskovitz y te atrae esa libertad, esa exageración, esa practicidad. Y le recordé a través de las palabras que le dice a ella: «Yo velaré tu sueño. Yo te velaré, ¡Qué bien dormirás! Qué dormilona más bonita. ¡Qué gran dormilona eres!».  





El baile.






Que alguien te diga que hay que correr, bailar y andar con las manos y te lo demuestre, es algo que todos deberíamos afrontar si no sale de nosotros mismos. «Soy muy mayor para ti. No acierto a verme aquí» le dice Minnie. «¿Qué necesidad tienes de pensar? Minnie, tienes que correr» es la respuesta de él. A Seymour Cassel como nombre le conocía pero no lo había visto y fue la primera vez que lo vi cuando se estrenó Cosas que nunca te dije (Isabel Coixet, 1995). A partir de entonces le dejé entrar.





Estoy tras mis gafas.





Son los detalles de dirección, de los actores, de unos diálogos maravillosos los que hacen única la película. Él y sus coches y ella y sus gafas. Es muy definitorio cuándo se pone las gafas y cuando se las quita. Mi momento preferido es aquel en que ella se las va a poner y él le dice: «No hagas eso». Las canciones son otro detalle. Hay dos que encuadran la acción. Ella al principio tararea When I fall in love en relación a su amante y llegará a cantarle a Moskovitz a la cara I love you truly. Ese paso de una canción a otra es un detalle pero llena inmensamente la película. De nuevo la mezcla de ficción y realidad. La madre de Minnie cuenta que su hija de pequeña se parecía a Shirley Temple y esta actriz utilizó para su boda  la segunda canción y vean, vean la película para que todo se entremezcle en esa canción.


















Cassavetes es un director recomendado por su médico. O así debería de ser. Desde 1959 en que realizó Shadows hasta 1997 en que su hijo rodó uno de sus guiones Atrapada entre dos hombres (She’s so lovely) su trabajo nos protege y nos desnuda a la vez. Han pasado quince años y no he vuelto a ver esa película dirigida por Nick Cassavetes pero recuerdo el poso que me dejó y me maravilló. Puede ser el momento de volverse a meter en el fango. 


sábado, 9 de febrero de 2013

Lección de anatomía o gabinete de historia natural de Lola Marín.




Cómete la vida.




Esta serie de pinturas de Lola Marín no descansan y alivian la vista aunque aparentemente parezca lo contrario. Por eso si ese es el objetivo que buscan en una obra de arte deberán dejar atrás viejas costumbres. Objetos sin contexto que se muestran descarnados y nunca mejor dicho porque ahora el centro de todo son ciertos órganos cosificados, objetuados, sin el alivio y el apoyo de la piel. Esa desnudez incomoda y más si lo que nos encontramos son en su mayoría ojos y dientes: más allá de mirar y alimentarse, que te duela el mundo y querer desgarrarlo. Los dibujos en su acabado se nos muestran inocentes pero también era inocente Tristana y Buñuel nos mostró su proceso de destrucción. La evocación a una Tristana mostrando seductora su pata falsa convive con el exquisito horror de una pierna imparable arrastrando un cuerpo sin vida en Edgar Allan Poe. Lola Marín parece revelarnos, aunque un poco velada, una visión de la vida como espera sorda de catástrofe tal como escribió Peter Weiss.




Soberbia obra incontestable.





De la idea al dibujo, del dibujo al objeto y directo al espectador. Lola Marín no los contextualiza para no restar fuerza al dibujo/objeto. Ofrece la idea como en bandeja, una bandeja en una gama de colores con referencias a la carne ausente. Porque no nos narra una historia. Lo suyo son poemas visuales y poemas objeto tal como nos descubrió Joan Brossa al que se puede hacer alguna que otra referencia en esta serie de pinturas. Una de las obras que resalta no sólo por su talla es Lección de anatomía que nos lleva no sólo a Brossa sino también a Dalí y en otros terrenos y aunque parezca una locura a Dreyer.



La más reciente tendencia a la pintura de Lola Marín no supone un quiebre en el camino. Tenemos un enganche con sus esculturas reelaboradas. La mayoría de las bases de sus dibujos son también objetos encontrados: desde un cuadro con paisaje neoyorkino convertido en un díptico terrorífico a una finísima capa de madera de un mueble que provoca más vértigo si cabe en el que mira.






El movimiento nace muy adentro.





Lola Marín se nos desvela. Es el desvelo que sí ofrece descanso al saber de él. La artista va perdiendo pudor. Si antes su mirada estaba en la revisión de unos objetos, ahora sobre objetos ya vividos (cosa que no abandona) vuelca metafóricamente sobre un «lienzo en blanco» parte de sí misma; su imaginación. No se trata de la obra como vida volcada sino filtrada y eso provoca mucha curiosidad. ¿Que cómo es? No sabría explicárselo. Hay que verlo para apreciarlo.



[Texto publicado originalmente en www.lolamarin.com]

sábado, 2 de febrero de 2013

Homenaje a André Breton.







Breton como que dibuja, como que escribe.






«Si alas no tengo, si puede ser momentos detrás de todo, y si encima me coges te desangro, lo gore de eso es que no me lo pidió nadie. Mañana es mañana cuando es porque si no Emmanuele. Mi foto no se descubre sino es porque tú la pegatina me quitaste. Suerte y sujeto que no quiero hablar y si lo hago pues me quedo entera, entera y clara como la que yo dije el otro día. Luna luna luna sin comas sin espacios ni suspiros. Y el ala de nuevo del leve abanico cuánto me gustaba la matemática de las palabras y ahora no sé si puede ser que sigamos en lo mismo. Se cambia, se cambia y se transforma porque no es lo mismo decir lo mismo que decirlo igual. En esas estamos y cuando el oro vino de abajo pues todo se quedó tranquilo. La desnudez, la libertad está conseguida otra cosa es que desee instalarse porque el rojo del pelo está revuelto y los abrigos abotonados de lado me divierten más que las hojas que son muertas pero que no están muertas. Escupir e intentarlo es difícil pero interesante cuando te desatas. Y desatada te desatascas y si alguien entiende algo se agradece pero si alguien no entiende nada se reverencia. Demasiado entendimiento contínuo. Encima de todo la mesa está puesta y el hule no se quitó porque el sudor de la carne es el peor si no está en contacto con el muñeco que decidió instalarse. Ejem que no ejemplo. Los sonidos siempre me han invadido y detrás de cada hombre se encuentra la sombra de su perro. Porque los carteles y ante bajo, con contra desde siempre me ha producido una cantinela agradable más que que te caiga la nieve lentamente. Nieve, qué frío tengo pero al mismo tiempo no sé construir poesía. Me avergüenzo y cuidado con las palabras así que no puedo borrar la vergüenza pero me es imposible sustituir el párrafo entero así que lo subrayo porque los errores son errores y son de lo de siempre. Asiéntate, asiéntate y si no juegas pues observa porque mantener una mirada es más difícil que participar. Porque la participación es muy ancha como Castilla lo fue en su momento. Suspiro es lo que quiero decir ahora y obvio, que siempre me ha gustado y los gustos ya sabemos cómo son que son como los colores y si el color blanco no es un color pues que se fastidie. Aquí estaremos esperando que diga algo. Me encanta que vaya y venga y cuando viene se vuelva a ir y siempre el devenir se convierte en ahora y tanta filosofía me exaspera y de nuevo vuelvo a los ojos y la boca porqué no porque la boda se enciende y separa y vuelve a salir. Libertad y entereza porque lo entero qué bonito es cuando se descompone. Adiós hasta aquí llego que me canso pero no físicamente ni mental, ni moral ni económicamente es un mente que no veo pero que siento y en esas estoy sentándome  y me quedo quieta».




Este es mi pequeño homenaje a André Breton. Nada más levantarme, cuando el sueño aún se imponía a la realidad, directamente me he dispuesto a escribir sin pausa y sin reflexión aparente. Y del resultado no he cambiado más que los errores tipográficos, no he puesto ni he quitado una coma. Una nunca llega a liberarse del todo porque somos juguetes de nuestra memoria como decía Breton pero es un gran paso. Es todo un ejercicio de curiosidad y revelación, de introspección y liberación. Te dejas llevar y las trabas desaparecen. Y como dijo Valéry, que él nunca escribiría: “la marquesa salió a las cinco”, yo tampoco lo he hecho, ni ningún derivado. Pequeño logro en el que me fijo.






Lo manifiesto.





1924 fue el año en que Breton se manifestó manifiestamente a través de un manifiesto; el manifiesto surrealista. Este movimiento en la practicidad se mostraba con la escritura automática; el libre ejercicio del pensamiento. Escribir lo que directamente saliera de tu mente sin cortapisas, sin reflexión, sin lógica ninguna. Eso es lo que yo he intentado.





Aleixandre, Cernuda y Lorca. Mucha cosa junta.





En España se asimiló el surrealismo pero como una forma de mirada. La concreción de la escritura automática no figura. Sin embargo muchos poetas sí fueron seguidores de su ideario, entre ellos Vicente Aleixandre que escribió en 1966, año en que muere André Breton, el poema Funeral en su memoria. Aquí unos extractos.



Alguien me dice: ha muerto André Breton.

España, antaño en piedra bajo el sol.
Quemada, extensa, en lenguas se abrasó.
Pues ella entera y sola se entreabrió:
oh, voces minerales en que ardió.


Coro andaluz real que no cesó.
Que suena en vida o muerte, en su pavor.
Que alarga un mudo brazo y dice adiós.
Adiós, André Breton.




Y hablando de manifiestos, curiosamente el último que he escuchado hasta el día de hoy ha sido el de Marina Abramovic. Salían algunas líneas leídas por ella misma en el documental Marina Abramovic: The artist is present (Matthew Akers & Jeff Dupre, 2012) cuando recibió un premio en Italia. Documental recomendado para la emoción y el intelecto cien por cien. Hoy curioseando sobre el texto completo de la artista descubro que finaliza con el funeral del artista, curioso encuentro entre Breton, Aleixandre y Abramovic. Así, después de comentar lo que un artista debe o no hacer termina con el último de los últimos actos.







“Debe dar instrucciones sobre su funeral para que sea de la manera en que lo quisiera.
El funeral es la última pieza del artista  antes de su partida
El funeral es la última pieza del artista  antes de su partida
El funeral es la última pieza del artista  antes de su partida”



En mundo y situación tan crítica como la actual surgen movimientos, surgen cambios, nuevas propuestas. El ser humano se interroga, se observa, se analiza, se mira. El surrealismo y cualquier movimiento surge de una época convulsa por anclada o descolocada. Aprovechemos individualmente a colocar una espinita sobre nosotros y liberarnos desde el hecho más pequeño como escribir con el automatismo puesto. Paso a paso.